Han pasado 14 meses, no llega ni a dos años… y, a día de hoy, yo nací en Salamanca.
Nunca jamás me he sentido patriota, mentiría si digo que he valorado como se merece la tierra que piso, no lo haría si digo que llegué a odiarla, odié Plasencia, Cáceres, y España entera. Y llegar aquí, patearme de arriba abajo cada calle de esta ciudad, cambió mi pequeña mente hermética, mi propia versión del mundo. No sé si será el frío, el café o la lluvia, o las tres cosas a la vez, la misma trilogía-recurso que no se me va de la cabeza y está siempre ahí. Como las cosas que han surgido con ellas, como los momentos que realmente dan sentido a esas tres palabras y a la propia Salamanca.
Sé que cada uno guarda lo mejor de su vida en un lugar concreto, se que para unos es Madrid, para otros Granada, Barcelona, Praga… es un secreto a voces, y me gustaría que cada uno lo compartiera aquí, en este post.
Yo, por mi parte, os dejo algunas fotos que hice el otro día en una escapadilla, para que, quien no la conozca, tenga al menos una vista periférica de Salamanca y le entren ganas de charlar un rato con ella.




