miércoles, 27 de julio de 2011

Stand by

Todo seguía igual cuando abrió la puerta. Como un irremediable stand by.

La cama, no sabría decir si a medio hacer o a medio deshacer, con las arrugas intactas. La taza de café vacía, salvo por el anillo inconfundible que deja la espuma y los posos resecos que, como las marcas el pantano ya evaporado, anunciaban que en tiempos mejores estuvieron ahí.

Todavía yacía, decapitado, estrujado de boca contra el cenicero su último cigarro. El de ella. El que no se terminó antes de irse.

Bajo la almohada palabras sueltas de esas que él nunca llegó a decir por miedo a romper algún esquema que ahora, con la pizarra borrada, no tenían razón de ser.

Abre la ventana y el aire se las lleva junto al polvo acumulado por las semanas. Se van. Desaparecen.

Él se sienta en el alféizar de la ventana mientras se lleva a los labios lo que quedaba del cigarrillo.

Como un tributo al beso de despedida que nunca tuvieron.

2 comentarios:

ANA dijo...

Precioso... Esther. Un besito!

Anónimo dijo...

Aturde mirar así una escena eterna