martes, 11 de octubre de 2016

Atka | The Guardian

Esta peculiar criatura es Atka, un grifo nival. Esta especie es una singular simbiosis entre un búho nival y un zorro ártico, aunando características tanto físicas como conductuales de ambos animales. Del ave rapaz ha heredado una vista aguda, unas garras poderosas y un carácter estoico, observador y determinado. Del pequeño cánido posee su oído de largo alcance, su denso pelaje y su personalidad despierta, ingeniosa e irresistiblemente curiosa. Son criaturas carnívoras, nacidas para el frío, solitarias y especialmente esquivas con el hombre, hasta el punto de ser considerados como bestias mitológicas por los ciudadanos de la tribu. No es el caso del grifo nival de nuestra historia como podéis deducir.

Atka lleva formando parte de la vida de Uqalik desde mucho antes de lo que ella es capaz de recordar. Cuenta su abuela Sila, antigua chamán de la aldea, que su padre encontró un huevo gigante en una de sus expediciones de caza y decidió traerlo bajo su abrigo durante todo el viaje de vuelta a casa. Cuando llegó a su tienda se lo tendió a su mujer, Aunra, con la intención de que sus proteínas dieran fuerza al bebé que esperaban. Aunra acercó el huevo a su hinchada barriga para poder abrirlo más fácilmente y, al contacto con esta, un pequeño y afilado pico se le adelantó dejando entrever una mirada de nácar. 

Atka significa guardián en el lenguaje de los inuit y desde que abrió aquellos brillantes ojos éste ha sido el motor de su vida: proteger y acompañar a la pequeña Uqalik.







This peculiar creature is Atka, a snowy griffin. This specie is an unique symbiosis of a snowy owl and an arctic fox, combining both physical and behavioral characteristics of these animals. From the bird of prey it has inherited the sharpness of its eyes, the powerful claws and a stoic, observer and determined character. From the small canid it has the long rage hearing, the dense fur and an awaken, witty and irresistibly curios personality. They are carnivorous creatures, born for the cold, seclusive and especially elusive with the human being, insomuch that they are considered mythological beasts by the citizens of the tribe. It's not the case of the snowy griffin of our story as you can deduct.

Atka has been a part of Uqalik's life long before she was even able to remember. Her grandmother Sila, the elder chaman of the village, told her that her father found a giant egg in one of his hunting expeditions and decided to bring it under his coat during the whole trip back home. When he reached his tent he extended the egg to his wife, Aunra, with the intention that its protein would give strength to the baby they were expecting. Aunra approached the egg to her swollen belly in order to open it easier and, right when they contact each other, a small, sharp peak got ahead allowing to glimpse a pair of nacreous eyes.

Atka means guardian in the language of the Inuits and since he opened those bright eyes this has been the engine of his life: to protect and accompany the little Uqalik.

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